Colomo lo ha conseguido. Ha conseguido lo que tantos persiguen y tan pocos encuentran: un estilo inconfundible.

En las canciones más antagónicas en cuanto género, lengua o instrumentación, se le reconoce. ¿Qué cauce invisible permite que las aguas tumultuosas de su eclecticismo de base corran raudas y enamoren cualquier oreja que se les ponga por en medio? Un cierto toque subterráneo o sobrevolador, la combinación de un universo melódico melancólico y un imaginario lírico cotidiano, de rima y temas cercanos.

Joan Colomo cada vez es mejor compositor, mejor sastre: teje sin estridencias, leve, y ya no se le ven las costuras.